El baño tiene que quedar a su tamaño
Un inodoro de adulto, para un niño chiquito, es un pozo frío donde los pies cuelgan. Nadie se relaja así. Antes de empezar, consigue tres cosas:
- Banquito firme para que apoye los pies completos. Pies colgando hacen casi imposible pujar y dan inseguridad.
- Adaptador de asiento (la dona infantil) para que no sienta que se va a caer adentro. O una bacinica, si le da menos miedo; las dos opciones valen.
- Ropa fácil: esta temporada, pants y shorts de resorte. Nada de overoles, cinturones ni botones duros. La carrera al baño se gana o se pierde en el resorte.
Una palabra, una sola
Elige cómo va a decir tu hijo que quiere ir: la palabra "pipí", la palabra "baño", una seña con la mano o señalar un dibujo. Lo importante: que sea UNA y que todos en casa usen la misma. Si mamá dice "baño", papá dice "pipirís" y la abuela dice "del uno", el niño recibe tres claves distintas para una sola puerta.
Visitas de cortesía
Unos días antes de empezar, lleven el baño a la vida normal sin pedirle nada: que entre contigo, que jale la palanca si quiere, que se siente vestido en su adaptador un minutito. El baño deja de ser territorio desconocido y se vuelve un cuarto más de la casa.
Cada niño tiene su ritmo; esto es guía educativa, no diagnóstico. Si hay dolor al hacer o estreñimiento, primero el pediatra y luego el método.