Escuela de Cielo
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LSM en el aula

Un alumno sordo en mi salón

Objetivo

Hacer hoy mismo los cuatro cambios que más ayudan a un alumno sordo: verlo de frente, luz en tu cara, no gritar, y tratar el español escrito como su segunda lengua.

Respira: sí puedes con esto

Tener un alumno sordo o con poco lenguaje oral no requiere que seas experta en señas desde mañana. Requiere cuatro cambios concretos que están cien por ciento en tus manos, hoy.

Los cuatro cambios

  1. Háblale de frente. Tu alumno te entiende con los ojos: lee tu cara, tus labios, tus manos. Si hablas mientras escribes en el pizarrón, de espaldas, para él es como si la maestra se apagara. Primero escribe, luego voltea, y entonces habla.
  2. La luz en TU cara, no en sus ojos. Nunca te pares de espaldas a la ventana: te conviertes en una silueta negra imposible de leer. Siéntalo en las primeras filas, un poco de lado, donde vea tu cara y el pizarrón sin girar todo el cuerpo.
  3. No grites ni exageres los labios. Gritar deforma la boca y no agrega nada. Habla a ritmo normal, con la cara visible y frases claras. Si no te entendió, no repitas más fuerte: repite con otras palabras, o escríbelo, o muéstralo.
  4. El español escrito es su SEGUNDA lengua. Para un niño sordo, la lengua natural y completa es la Lengua de Señas Mexicana; el español es una lengua extranjera que está aprendiendo a leer y escribir. Si su redacción se ve "rara", no es flojera ni falta de inteligencia: es un alumno bilingüe en construcción. Califícale el contenido, y enséñale el español como se enseña una segunda lengua: con paciencia y modelos.
Ejemplo: La maestra Carmen, en Ecatepec, movió a Diego a la segunda fila junto a la ventana, de modo que la luz le diera a ella en la cara. Solo con eso y con dejar de dictar de espaldas, Diego empezó a entregar la mitad de los trabajos que antes "no escuchaba".
💡 Pregúntale a la familia cómo se comunica el niño en casa y qué señas usa ya. Ellos son tu primer diccionario, y el niño es el experto en sí mismo.

✍️ Tu ejercicio

Hoy revisa tu salón cinco minutos: ¿dónde está sentado tu alumno?, ¿dónde queda la ventana?, ¿hablas de espaldas cuando escribes? Cambia el lugar del alumno si hace falta y prueba la regla "primero escribo, luego volteo, luego hablo" durante una clase completa.

Salió bien si tu alumno te miró a la cara durante las instrucciones. Variante más fácil: hoy solo cámbialo de lugar; mañana trabaja lo demás.