La receta del cuento
Ya contaron cinco cuentos. Hoy toca inventar el suyo. La receta es simple y siempre funciona:
- Un personaje: un niño, un gato, la señora de las quesadillas, quien sea.
- Un problema: algo se pierde, algo se rompe, alguien tiene miedo, empieza a llover.
- Un final feliz: se encuentra, se arregla, alguien ayuda, sale el sol.
Tres escenas, una por punto. Cortito es mejor: los mejores cuentos en señas duran un minuto.
Herramienta 1: los clasificadores
En LSM, tu mano puede convertirse en el personaje. A eso se le llama clasificador, y es pura magia: el dedo índice y el medio hacia abajo son una persona caminando; la mano plana avanzando es un coche; la mano en garra hacia abajo puede ser un animal que camina. Si tu personaje sube una loma, tu mano sube. Si se cae, tu mano se cae. El espacio frente a ti se vuelve el escenario completo del cuento.
Herramienta 2: el cambio de rol
Los narradores sordos no dicen "y entonces el lobo dijo": se convierten en el lobo. Eso es el cambio de rol. Gira un poquito los hombros hacia un lado y pon la cara del primer personaje; gira al otro lado y eres el segundo. Si uno es grande, mira hacia abajo cuando hablas como él; si es chiquito, mira hacia arriba. Con la mirada y los hombros, el público siempre sabe quién está "hablando".
A ensayar
Inventen el cuento juntos, elijan dos o tres señas clave de los módulos pasados, y que cada quien lo cuente a su estilo: grande, exagerado, teatral. No hay versiones incorrectas, hay narradores distintos.