El mito que más daño hace
"Ese niño es muy listo, él solito sale adelante." Esa frase, dicha con cariño por abuelas y maestras, es el mito más peligroso para un niño con altas capacidades. Suena lógico: si entiende todo rápido, ¿qué problema puede tener? Pero un niño muy capaz no es un niño "en modo fácil". Es un niño con necesidades distintas que, si nadie atiende, también sufre: se aburre hasta la rebeldía o el apagón, esconde su capacidad para encajar, o se exige tanto que se paraliza.
Cabeza de diez, corazón de seis
A esto los especialistas le llaman asincronía: las distintas partes del niño crecen a velocidades distintas. Puede platicar de planetas como uno de secundaria y, cinco minutos después, tirarse al piso en berrinche porque perdió en la lotería. No es manipulación ni inmadurez "rara": es que su cabeza va años adelante de su edad, pero su corazón y su cuerpo tienen los años que tienen. Las dos cosas son él.
Lo que sí necesita de ti
- Reto a su medida: el aburrimiento crónico no forja carácter; apaga la curiosidad o la convierte en problema de conducta.
- Permiso de ser niño: que su capacidad no le compre boleto de adulto chiquito. Necesita jugar, ensuciarse y equivocarse como cualquiera de su edad.
- Acompañamiento emocional: siente fuerte y piensa profundo; eso requiere más guía, no menos.
- Que lo quieras sin condiciones: que sepa que lo amas igual cuando saca diez que cuando no. Su valor no es su boleta.
Esta es una guía educativa, no un diagnóstico. Si algo de aquí te suena a tu casa, platícalo con un psicólogo de confianza y con los maestros de tu hijo.