Más comida para la cabeza, no más prisa
Cuando descubres que tu hijo aprende rápido, la tentación es meterle más: más clases, más tarea, más nivel. Cuidado. Un niño con altas capacidades no necesita correr más rápido por el mismo camino aburrido; necesita caminos más hondos. A eso se le llama enriquecimiento: darle de comer a su curiosidad con temas que le apasionan, en lugar de solo adelantarle planas.
Profundidad antes que velocidad
Si ya sabe sumar, la respuesta no es darle quinientas sumas más grandes, sino preguntas más jugosas: ¿cuánto gastamos en el mercado y cuánto sobró? ¿Cómo repartimos las tortillas para que alcancen? Profundidad es seguir su interés hasta el fondo:
- Proyectos de SU interés: si ama los insectos, que arme su propio "insectario" del patio: observar, dibujar, clasificar, presentárselo a la abuela. Un proyecto que él dirige vale más que tres cursos que tú elegiste.
- Museos y calle: México está lleno de museos gratuitos o baratos los domingos: de ciencia, de historia, el planetario de tu ciudad. También el mercado, el taller del mecánico y la milpa enseñan, si vas con tiempo de responder preguntas.
- Mentores: ¿el tío ingeniero, la vecina bióloga, el carpintero de la esquina? Una hora al mes con alguien que sabe de verdad de su tema favorito alimenta más que cualquier aplicación.
- Bibliotecas y cursos: bibliotecas públicas, talleres de casas de cultura y cursos gratuitos en línea, a su ritmo y sin calificación de por medio.
El ocio también enseña
Un niño con la agenda llena de actividades "para aprovechar su potencial" termina quemado, y un niño quemado deja de querer aprender. Defiende sus tardes de nada: aburrirse, treparse, inventar juegos, echarse a ver las nubes. Del ocio salen las ideas propias. Su potencial no se evapora por descansar; se evapora por exprimirlo.