Su cerebro no "siente" la cantidad
Casi todos nacemos con una especie de báscula interna: vemos cinco mandarinas y tres mandarinas, y sin contar sabemos dónde hay más. A algunos niños esa báscula les llega desajustada. Para ellos, el número cinco no se siente como cinco cosas: es solo un dibujito que hay que memorizar, como si te pidieran aprenderte la guía de teléfonos de memoria. A eso se le llama discalculia, y es tan real como la dislexia, nada más que menos conocida.
Por eso tu hijo puede estudiar las tablas toda la tarde y mañana no acordarse de nada. No es que no le eche ganas: está cargando con la memoria lo que otros niños cargan con la intuición. Es agotador, y por eso llora con la tarea de mate y no con la de español.
Las señales que se ven en casa
- Sigue contando con los dedos años después que sus compañeros, y si le quitas los dedos, se pierde.
- No estima: le preguntas cuántos frijoles hay en tu mano y te dice "¿cien?" cuando hay ocho.
- Se pierde con la hora: el reloj de manecillas le parece chino y "en quince minutos nos vamos" no le dice nada.
- El dinero lo enreda: paga con un billete de cincuenta algo de doce pesos y no sabe si el cambio está bien.
- Cuenta desde el uno cada vez: para sumar seis más dos, vuelve a empezar "uno, dos, tres…".
Esto se trabaja, y tú puedes mucho
La discalculia no se quita con regaños ni con más planas: se trabaja construyendo el sentido del número desde abajo, con las manos, como vas a ver en las siguientes lecciones. Recuerda que cada niño tiene su ritmo y que este curso es una guía educativa, no un diagnóstico: si las señales te suenan mucho, platícalo con su maestra y con un profesional de confianza, sin angustia y sin etiquetas en casa.