No esperes a que "le suelte"
En el síndrome de Down, el lenguaje suele ser lo que más tarda, y lo que más vale la pena trabajar temprano. La terapia de lenguaje no empieza cuando el niño habla: empieza desde bebé, con succión, soplo, balbuceo y juego. Si tu hijo es bebé y todavía no tiene terapeuta, búscalo este mes en el DIF, el centro de rehabilitación o tu clínica. Y mientras llega la cita, en casa hay muchísimo que hacer. Esto es guía educativa, no diagnóstico; las metas de tu hijo las marca su terapeuta.
Las señas no estorban: son puente
A muchos papás les da miedo enseñar señas "porque entonces no va a hablar". Es al revés: el niño que puede pedir agua con la mano se frustra menos, se comunica más y llega al habla con más ganas. Cuando la palabra le sale, la seña se cae solita. Empieza con tres señas de cosas que él quiere mucho: agua, más, ya no. Haz la seña y di la palabra al mismo tiempo, todos los días, todos en la casa igual.
Lee en voz alta desde ya
No importa que sea bebé y "no entienda": leerle todos los días le mete palabras al oído, le enseña a mirar imágenes y se vuelve su momento contigo. Libros de pasta dura, de animales, de cosas de la casa. Señala el dibujo y di la palabra clarito: "perro", "leche".
El poder de la espera
Este es el truco de oro: después de preguntarle algo, cuenta hasta diez en silencio mirándolo. A tu hijo le toma más tiempo armar su respuesta, y si te le adelantas, le quitas su turno. Esos diez segundos incómodos para ti son su oportunidad de oro.