Antes: casi siempre es comunicación
Primero, suelta la culpa: que tu hijo pegue o se pegue no significa que lo criaste mal ni que sea malo. Cuando no hay palabras suficientes, el cuerpo habla. Pegar puede querer decir "esto es demasiado", "quiero eso", "me duele algo" o "voltéame a ver". Prevenir es trabajar lo que ya viste en este curso: anticipar, dar formas de pedir, bajar el ruido del día. Y observar: ¿pega cuando hay mucha gente?, ¿se muerde cuando le quitan algo?, ¿se pega en la cabeza cuando está enfermo? Los patrones son oro.
Durante: tu guion de protección
- Protege sin lastimar. Pon tu mano o un cojín entre el golpe y su cabeza, retira al hermanito, quita lo duro. Bloquear sí; nalguear, zarandear o devolver la mordida, jamás: eso solo enseña que el grande también pega.
- Pocas palabras, voz firme y tranquila: "No te dejo pegarte. Te cuido." O: "No dejo que muerdas. Muerde esta almohada si necesitas."
- Atiende al lastimado primero. Si mordió al primo, tu atención va primero al primo. Así pegar deja de ser el botón que enciende todos los reflectores.
- Cuando baje la tormenta, ofrece el canal correcto: "¿Querías la pelota? Se pide así." Y le muestras el gesto, la foto o la palabra.
Qué NO hacer: no grites ni pegues "para que vea lo que se siente", no lo etiquetes ("eres malo", "eres tremendo"), no des sermones largos en caliente y no castigues horas después, cuando él ya ni se acuerda.
Después: el registro ABC, tu herramienta de detective
Durante una semana, apunta cada episodio en tres columnas: Antes (¿qué estaba pasando justo antes?), la Conducta (¿qué hizo exactamente?) y el Después (¿qué pasó luego: le dieron lo que quería, lo cargaron, se fue todo el mundo?). En unos días el registro te cuenta la historia: para qué le está sirviendo esa conducta, y por dónde cambiarla.