Tu hijo tiene sus terapias. ¿Y las tuyas?
Llevas meses, o años, llevando a tu hijo con especialistas. Inviertes en él tiempo, dinero y alma. Esta última lección es para hacerte una pregunta incómoda con todo el cariño del mundo: ¿y a ti quién te atiende? Pedir ayuda profesional no es estar loca ni ser débil. Es darle mantenimiento al motor que jala a toda la familia.
La lista honesta
Léela despacio. Si te reconoces en dos o más, y llevan más de dos semanas así casi todos los días, es momento de buscar ayuda para TI:
- Lloras seguido o, al revés, ya no sientes nada: puro piloto automático.
- Duermes mal aunque el niño duerma, o quisieras dormir todo el día.
- Lo que antes te gustaba, ya no te sabe a nada.
- Explotas por cosas chiquitas y luego la culpa te come.
- Te aíslas: no contestas mensajes, cancelas todo.
- Te duele el cuerpo siempre: cabeza, espalda, estómago, y el doctor no encuentra nada.
- Piensas "mi familia estaría mejor sin mí".
Sobre la última: si hay ideas de hacerte daño, busca ayuda YA. Llama a la Línea de la Vida, 800 911 2000, gratuita, las veinticuatro horas, todos los días. No mañana. Hoy.
Terapia que sí cabe en tu bolsillo
"La terapia es de ricos" era cierto hace años. Ya no:
- Centros de salud y hospitales públicos: los servicios de salud mental públicos ofrecen consulta psicológica gratuita o con cuota mínima. Pregunta en tu centro de salud.
- Universidades: las facultades de psicología, como las de la UNAM y las universidades estatales, dan terapia con supervisión a costos simbólicos.
- En línea: hay psicólogos mexicanos por videollamada desde el costo de dos pizzas al mes, y la sesión es cuando el niño ya durmió. Sin traslados, sin niñera.
- Tu red: en los grupos de la lección pasada siempre hay recomendaciones de terapeutas que entienden tu vida y cobran justo.