El combustible del aprendizaje
Los niños repiten lo que les funciona. Si intentar algo nuevo termina en festejo, el cerebro dice "esto vale la pena, hay que repetirlo". Si termina en nada, o peor, en corrección, el cerebro dice "ni le muevas". Tu festejo no es un premio de mamá cuchi: es literalmente el combustible con el que tu hijo aprende.
Las tres reglas del buen festejo
- Inmediato: en los primeros dos segundos. No cuando llegue papá en la noche: AHORITA, mientras su mano todavía está en el vaso que guardó. Tarde, el festejo ya no se conecta con lo que hizo.
- Específico: no nada más "¡muy bien!", sino "¡guardaste tu vaso!". Así sabe exactamente QUÉ estuvo bien. El "muy bien" genérico se gasta; el específico enseña.
- De los que a ÉL le gustan: a unos niños les encanta el aplauso y el "¡bravo!"; a otros el escándalo los espanta. Tu festejo puede ser cosquillas, chocar las cinco, girarlo por el aire, o un "lo lograste" bajito con sonrisa enorme. Tú conoces a tu cliente.
Festeja el intento, no solo la medalla
Si esperamos la perfección para festejar, nos vamos a quedar callados meses. Festeja el paso chiquito: hoy se acercó al cepillo, hoy aguantó el agua dos segundos más, hoy hizo un sonido parecido a "agua". Eso que parece poquito ES el avance. Lo que se festeja, crece.