No es capricho: es su cuerpo
Para muchos niños que aprenden diferente, la comida llega a sus sentidos con el volumen al máximo. Una textura babosa se siente insoportable en la boca. Un olor que tú casi no notas, a él le grita. Por eso muchos niños comen solo lo crujiente, o solo lo suavecito, o solo lo de cierto color o cierta marca: su cuerpo busca lo que sí puede predecir.
Fíjate bien: casi nunca rechaza "comida al azar". Rechaza texturas mezcladas, cosas mojadas que tocan cosas secas, alimentos que cambian (un plátano hoy verde y mañana con manchitas). Y acepta lo que siempre es igual: las galletas de la misma caja saben idéntico todos los días. Por eso la marca importa: no es necedad, es seguridad.
La culpa, fuera de la mesa
No es porque cocines mal, ni porque "lo consentiste", ni porque le diste papilla tarde. Las tías y las abuelas opinan mucho —"a mí me hubieran dado una nalgada y me lo como"—, pero esto no se arregla con mano dura. Se arregla con pasos chiquitos y paciencia, y eso es justo lo que vas a aprender en este curso.
Tu primer trabajo: ser detective
Antes de cambiar nada, observa. Haz la lista de TODO lo que sí come, aunque sea cortita. Luego busca el patrón:
- ¿Casi todo es crujiente? ¿O casi todo es suave?
- ¿Casi todo es del mismo color (beige, blanco)?
- ¿Solo acepta ciertas marcas o cierta forma de prepararlo?