Tu nombre es como un timbre
Tu nombre es especial. Es tuyo. Cuando alguien lo dice, es como cuando suena el timbre de la casa: alguien te está buscando a ti.
Cuando oigas tu nombre, haz dos cosas. Primero, voltea hacia la voz. Después, mira a la persona. Ya está. Con eso le dices sin palabras: "te escucho".
¿Por qué es el primer paso?
Porque las pláticas siempre empiezan así. Alguien te llama, tú volteas, y entonces pasa algo bueno: te enseñan algo, te dan algo o juegan contigo. Si no volteas, la sorpresa se pierde.
El juego de voltear
Practica como si fuera un juego. Alguien dice tu nombre con voz alegre. Tú volteas rápido, como resorte. La persona te enseña algo padre: una burbuja, un carrito, una galleta. Volteaste, miraste, ganaste.
No siempre sale a la primera, y no pasa nada. Cada vez que volteas, tu oído y tus ojos se hacen más amigos.