Platicar es como jugar a la pelota
Cuando juegas a la pelota, la pelota va y viene. Tú la avientas, tu papá la regresa. Uno y uno. Nadie se queda con la pelota para siempre.
Platicar es igual, pero con palabras. Yo digo algo: ese es mi turno. Luego me callo y espero. Tú dices algo: ese es tu turno. La plática va y viene como la pelota.
¿Cómo sé cuándo es mi turno?
Hay una pista fácil: cuando la otra persona deja de hablar y te mira, te está pasando la pelota. Es tu turno. Puedes contestar con una palabra, con un sonido o señalando algo. Todo eso cuenta como turno.
Y cuando tú terminas de hablar, espera. No agarres todos los turnos. Si hablas y hablas sin parar, el otro se queda sin pelota y el juego se acaba.
Turnos sin palabras también valen
Puedes practicar turnos sin hablar: armar una torre poniendo un cubo cada quien, empujar un carrito de ida y vuelta, o hacer un dibujo donde tú pintas una parte y mamá otra. Tu cuerpo aprende el ritmo: yo, tú, yo, tú.