Por qué el cambio duele tanto
Imagina vivir en un mundo donde nunca sabes qué sigue. Que alguien te suba a la combi sin decirte a dónde van, o te quite el plato sin avisar. Así se puede sentir el día para un niño al que las palabras se le escapan rápido: cada cambio cae de sorpresa, y la sorpresa asusta. Por eso muchos berrinches no son capricho: son miedo a lo que no se anunció.
La medicina es la anticipación: decirle a tu hijo qué viene, de un modo que él pueda entender y volver a mirar cuantas veces necesite. Y la versión más sencilla de eso cabe en dos palabras: primero y después.
Cómo se hace
- Consigue dos imágenes: fotos, dibujos o pictogramas. Una de lo que toca ahora, otra de lo que viene después.
- Ponlas juntas, en una cartulina o en el refri: "Primero bañarse, después cenar".
- Señala cada imagen mientras lo dices, con frase cortita: "Primero baño. Después sopa."
- Cuando termine lo primero, regresen juntos: "Baño, terminado. ¡Ahora sopa!". Si quieres, voltea la imagen o ponle una palomita.
Úsalo a cada rato, no solo en las crisis
El primero-después no es solo para los momentos difíciles: es un idioma. Úsalo en cosas fáciles y agradables, "primero zapatos, después parque", para que tu hijo aprenda a confiar en él cuando todo está tranquilo. Así, el día que lo necesites para algo difícil, la herramienta ya será amiga conocida.