Entrenar la sorpresa antes de que llegue sola
La vida no avisa: la maestra falta, se va la luz, la tía llega sin invitación. No podemos quitarle las sorpresas al mundo, pero sí podemos hacer algo mucho mejor: practicar la sorpresa en chiquito, en casa, cuando tu hijo está tranquilo y tú también. Igual que el simulacro de la escuela: se practica el temblor cuando no está temblando.
Cómo se hace la tarjeta
Recorta una tarjeta y dibújale un signo de interrogación grandote: "¿?". Esa es la tarjeta sorpresa. Preséntasela a tu hijo con emoción de regalo, no de amenaza: "Esta es la tarjeta de ¿qué será? Cuando salga, viene algo diferente, ¡y luego seguimos con lo de siempre!".
- Ponla en su horario o en el primero-después, en lugar de UNA actividad: "Primero comer, después... ¿qué será?".
- Cuando llegue el momento, revela la sorpresa con alegría. Las primeras veces, que sea algo RICO: burbujas, una galleta, cosquillas, su canción.
- Celebra en grande: "¡Hubo sorpresa y estuviste tranquilo! ¡Lo lograste!".
De a poquito, como el chile
Empieza con una tarjeta sorpresa cada dos o tres días, en el momento más fácil del día. Cuando tu hijo ya la reciba sin angustia, puedes usarla más seguido o en momentos menos fáciles. Si un día la tarjeta provoca llanto, no pasa nada: regresa a sorpresas más ricas y más espaciadas. Esto no es carrera.