Lo nuevo no se brinca, se sube por escalera
"Ándale, pruébalo, está rico": cuántas veces lo hemos dicho, y cuántas ha terminado en lágrimas y la cuchara en el piso. Para muchos niños, lo nuevo se siente como un barranco: no es que no quieran, es que el brinco es demasiado grande. La solución no es empujar más fuerte. Es construir escalones.
La escalera: mirar, tocar, probar
Toda cosa nueva se puede partir en pasitos. Con una comida nueva, por ejemplo el brócoli:
- Mirar: el brócoli vive en la mesa, en SU plato aparte, sin obligación de nada. Solo existe cerca. Eso ya es un escalón, y se celebra: "¡el brócoli estuvo en tu mesa y tú tranquilo!".
- Tocar: otro día, tocarlo con un dedo, aplastarlo con el tenedor, jugar a que es un arbolito. Tocar sin probar también cuenta y también se celebra.
- Oler y dar un beso: acercarlo a la nariz, darle un "beso" con los labios cerrados. Escaloncito chiquito pero real.
- Probar un pedacito: del tamaño de una lenteja. Y si lo escupe, no es fracaso: su boca ya conoció el sabor. Mañana el pedacito será menos extraño.
Sirve para todo, no solo comida
La misma escalera funciona con el mar, los zapatos nuevos, las fiestas o el corte de pelo: primero mirar de lejos, luego acercarse, luego tocar tantito, luego un ratito completo. Tu trabajo es detectar en qué escalón está tu hijo hoy y festejarle ese escalón, no exigirle el de arriba.