El problema no es la tele, es el frenazo
Dejar de jugar para ir a bañarse. Apagar la tele para ir a cenar. Salir del parque. Las peores batallas del día casi siempre son ahí: en el cambio de una actividad a otra. Y es que para tu hijo no es solo "apagar la tele": es frenar de golpe algo que su cuerpo disfrutaba, sin tiempo de aterrizar. Nadie frena de cien a cero sin chirriar las llantas. La solución es bajar la velocidad por partes.
Los dos avisos: cinco y uno
Antes de cualquier cambio, avisa dos veces, siempre igual:
- Aviso de cinco minutos: ponte a su altura, asegúrate de que te mire o te toque, y di cortito: "Cinco minutos y nos vamos al baño". Si tu hijo no domina los minutos, acompáñalo con algo visible: un reloj de arena, la alarma del celular con su sonidito de siempre, o los dedos de tu mano.
- Aviso de un minuto: "Un minuto. Vamos terminando". Es la última curva antes del alto.
La canción de transición
Elige una cancioncita cortita, inventada o conocida, y cántala SIEMPRE en los cambios: "a guardar, a guardar, cada cosa en su lugar", o una tuya con su nombre. La canción se vuelve el puente: el cuerpo de tu hijo aprende que esa melodía significa "estamos cambiando", y el cambio deja de ser un trancazo para volverse un ritual conocido.
El objeto que viaja
Truco de oro: tu hijo no tiene que soltarlo todo. Puede llevarse UN objeto de la actividad que termina hacia la que empieza: el carrito se va con él al baño y "mira el baño desde la repisa". Llevar algo en la mano hace el puente menos vacío.