La receta, paso a paso
- Elige UNA situación. Chiquita y concreta: "ir con el dentista", "cuando se va la luz", "el camión de la escuela". Una historia, un tema.
- Obsérvala con ojos de detective. ¿Qué pasa exactamente, en qué orden? ¿Qué parte asusta o confunde a tu hijo? Esa parte necesita más explicación, no más regaños.
- Escribe en primera persona y en presente. "Yo voy", "yo puedo", "a veces hay". Como si tu hijo lo contara.
- Frases cortas y literales. Sin dobles sentidos, sin "pórtate bien". Mejor: "me quedo sentado en mi silla".
El secreto: describir más, ordenar menos
Hay dos tipos de frases. Las descriptivas cuentan qué pasa: "En el mercado hay muchos puestos. La gente habla fuerte". Las directivas dicen qué puedo hacer: "Puedo agarrar la mano de mamá". La regla de oro: por cada frase directiva, escribe al menos dos descriptivas. Una historia llena de órdenes no es historia, es regaño con moño.
Y las directivas siempre en positivo y con escape: "puedo", no "tengo que". Di lo que SÍ puede hacer, no lo que no: en vez de "no grito", escribe "puedo hablar bajito o taparme los oídos".
Termina bonito y pruébala
- Cierra con una frase amable: "Mamá está orgullosa de mí" o "yo puedo hacerlo a mi ritmo".
- Agrega fotos reales o dibujos: tu hijo, su silla, su tiendita. Lo conocido tranquiliza.
- Léela tú en voz alta. Si suena a sermón, quita directivas. Si tu hijo se tensa con una frase, suavízala. La historia se ajusta a él, no él a la historia.
- Solo verdades: si puede doler, la historia lo dice con cariño.