El radar que casi todas traemos al revés
Cuando estamos cansadas, nuestro radar de mamá se afina para el problema: el grito, el juguete aventado, la sopa en el piso. Y los momentos buenos pasan de noche, porque "así debería ser siempre". Pero aquí está el secreto: la conducta que recibe atención es la que crece. Si la atención solo llega cuando algo sale mal, sin querer estamos regando la hierba y no las flores.
Atrapar a tu hijo portándose bien es voltear el radar: buscar a propósito esos momentos en que sí está sentado, sí está esperando, sí guardó su carrito, y nombrarlos en voz alta.
"Bien hecho" no alcanza: sé específica
Hay una diferencia enorme entre decir "bien hecho" y decir "guardaste tus juguetes en la caja, ¡eso me encanta!". El elogio general suena bonito, pero no le dice a tu hijo qué fue exactamente lo que funcionó. El elogio específico es como un mapa: le señala el camino para repetirlo mañana.
- En vez de "muy bien", di: "esperaste tu turno en la resbaladilla, qué paciente".
- En vez de "eres un niño bueno", di: "le diste un pedazo de tu quesadilla a tu hermana, eso es compartir".
- En vez de aplaudir sin palabras, di: "te sentaste a comer cuando te llamé, gracias".
Que el cuerpo acompañe a las palabras
Para muchos niños que aprenden diferente, las palabras solas se quedan cortas. Acompaña el elogio con algo que tu hijo disfrute: una sonrisa grandota, chocar las cinco, un apretoncito en el hombro si le gusta el contacto. Si tu hijo todavía habla poquito, no importa: el tono cálido y el gesto le llegan clarito.