Regla 1: la ficha va INMEDIATA
La ficha debe caer en los primeros segundos después de la conducta, con su elogio específico: "¡Guardaste tus juguetes! Va tu ficha." Si la das media hora después, tu hijo ya no conecta la ficha con lo que hizo, y la magia se pierde. Por eso conviene traer fichas a la mano: en la bolsa del mandil, en tu bolsillo, en un monederito. La ficha tardía es como pagarle a alguien tres meses después: ya ni se acuerda de qué trabajó.
Regla 2: lo ganado, ganado se queda
Esta es la regla que más cuesta, y la más importante: nunca, nunca se quitan fichas ganadas. Ni por berrinche, ni por aventar el plato, ni porque "se portó mal después". Si las fichas se pueden perder, el tablero se vuelve una amenaza, y tu hijo dejará de confiar en él. El tablero es un banco de cosas buenas, no un policía. Lo que tu hijo hizo mal se maneja aparte, con las herramientas de siempre; el tablero solo suma.
Regla 3: sube la vara despacito
Cuando tu hijo ya gana el premio fácil varios días seguidos, es momento de subir tantito la exigencia. Despacio: si ganaba con cinco fichas en un día, ahora el tablero se llena en día y medio. Si la meta era sentarse a comer cinco minutos, ahora son siete. Un escaloncito a la vez. Si subes dos escalones y tu hijo deja de ganar, bájale de regreso: la frustración no enseña, el éxito sí.