No agregues tiempo: agrega señas
Nadie tiene una hora extra al día para clases de señas, y la buena noticia es que no hace falta. Las señas no se estudian: se cuelgan de lo que ya haces. Tu bebé come, se baña y oye su cuento todos los días; ahí, en esos tres ganchos, caben todas las señas de este curso sin robarte ni un minuto.
Los tres ganchos del día
- La comida. El gancho más jugoso, porque pasa varias veces al día y el interés es máximo. Antes de cada bocado nuevo: comer. Cuando se acabe el plato: ¿más? con cejas de pregunta, o ya con las manos que giran. Agua y leche, cada vez que toquen.
- El baño. Agua es la estrella: señálala cuando se llene la tina, cuando salpique, cuando se enjuague. Al final, ya, se acabó, y dormir si ya viene la noche. El baño tiene la ventaja de las manos libres y las risas garantizadas.
- El cuento de la noche. Libro para empezar, las señas de los animales que salgan en las páginas, perro, gato, y dormir para cerrar. El cuento señado es doblemente sabroso: tu bebé ve la palabra, la oye y la siente.
Toda la familia, la misma seña
Regla de casa: todos hacen la seña igual. Si mamá seña leche ordeñando y la abuela la inventa de otra forma, el bebé recibe dos idiomas para una palabra y se confunde. Hagan una mini clase familiar de cinco minutos el domingo: las señas de la semana, una por una, todos juntos, hasta que salgan igualitas. Las señas son de la Lengua de Señas Mexicana, así que ante la duda, el árbitro es el video de un señante sordo en DIELSEME o Manos con Voz.