Juego uno: ¿dónde hay más?
Es el juego más simple y el que más trabaja la báscula interna. Pones dos montones de lo que sea —frijoles, uvas, fichas— y preguntas rápido: "¿dónde hay más?". Al principio hazlo obvio: ocho contra dos. Cuando le atine sin contar, acércalos: seis contra cuatro, luego cinco contra cuatro. La meta es que el ojo responda antes que el dedo. Pregunta también al revés, "¿dónde hay menos?", porque "menos" le cuesta más trabajo al cerebro y casi nadie la practica.
Juego dos: el puñado adivino
Agarra un puñado de frijoles, cierra la mano y pregunta: "¿cuántos crees que traigo?". Que adivine, y luego cuenten juntos para ver qué tan cerca quedó. Túrnense: ahora él agarra y tú adivinas, y de vez en cuando equivócate a propósito por mucho, para que él te corrija muerto de risa. Estimar parece jueguito, pero es exactamente el músculo que a tu hijo le falta: sentir el tamaño de un número antes de contarlo.
Juego tres: la recta numérica viviente
Sal a la banqueta o al patio con un gis y pinten juntos una recta gigante del cero al diez, con sus rayitas bien separadas. Ahora tu hijo ES el número:
- "Párate en el cuatro… ahora brinca dos para adelante, ¿dónde quedaste?"
- "¿Qué está más cerca del ocho: el cinco o el siete?" Que camine y lo compruebe con los pies.
- "Párate donde creas que va el cinco" en una recta que solo tenga cero y diez: eso es estimar en serio.