Los dedos no son trampa
A muchos niños les da pena contar con dedos porque alguien los regañó por eso. Quítale esa pena hoy: los dedos son la primera calculadora de la humanidad y para tu hijo son un puente necesario. Lo que sí puedes enseñarle es a usarlos mejor: que no empiece desde el uno cada vez. Para seis más dos, que diga "seis" tocándose el pecho y cuente solo lo que sigue: "siete, ocho". Eso se llama contar desde el más grande, y le ahorra la mitad del trabajo.
Dibujar la suma
Cuando no haya frijoles a la mano, que dibuje: bolitas, palitos, lo que sea. "Tenías ocho canicas y perdiste tres" se vuelve ocho bolitas y tres tachadas. Un problema que se dibuja es un problema que se entiende. En la libreta de la escuela también vale: dibujar al margen no es de bebés, es de ingenieros.
Las parejas del diez
Si tu hijo va a memorizar algo de mate, que sea esto: las parejas que suman diez. Uno y nueve, dos y ocho, tres y siete, cuatro y seis, cinco y cinco. Júntenlas con los diez dedos: levanta tres, ¿cuántos quedan abajo? Siete. Cuando el diez se vuelve su amigo, las sumas grandes se rompen en pedazos fáciles: ocho más cinco es ocho más dos para llegar a diez, y tres más: trece.
Primero contar, luego entender, al final memorizar
No le exijas las tablas de memoria antes de tiempo. El orden sano es: que lo arme con objetos, que lo dibuje, que lo explique con sus palabras, y solo al final que lo memorice. La memoria sin comprensión se cae en el examen; la comprensión aguanta todo.