Lo que NO es
Empecemos tirando dos mitos. Primero: no es flojera. Tu hijo no lee mal porque no le eche ganas; de hecho, suele echarle el doble de ganas que sus compañeros y cansarse el doble. Segundo: no es que "vea las letras al revés". Sus ojos están bien y su cerebro no voltea las cosas como espejo. Confundir la b con la d es normal mientras se aprende; el problema de fondo es otro.
Lo que SÍ es
Leer es conectar dos cosas: la letra que ves y el sonido que suena. La m con el sonido "mmm", la a con "aaa". A la mayoría de los niños esa conexión se les arma con la práctica normal. Al cerebro de tu hijo le cuesta más hacer ese enlace: las letras no le "suenan" rápido, y entonces leer es como descifrar una clave nueva cada vez. Por eso lee lento, adivina o se agota a la tercera línea. Es una dificultad específica para conectar letra y sonido. Específica quiere decir: solo eso. Su inteligencia está intacta y completa.
La etiqueta de flojo se quita HOY
Esta es la tarea más urgente de todo el curso, más que cualquier método: que en tu casa nadie vuelva a decirle flojo, burro o distraído por cómo lee. Un niño puede cargar la dificultad de lectura y salir adelante; lo que lo tumba es creerse tonto. Y se lo cree rapidísimo si lo oye en su casa. Esto es guía educativa, no diagnóstico: si sospechas que esto le pasa a tu hijo, el siguiente paso es una evaluación con un profesional, y de eso hablamos en la lección dos.