Antes que nada: cada niño tiene su ritmo
Una señal suelta no significa nada: todos los niños confunden letras al principio y a muchos no les gustan las planas. Lo que buscamos es un patrón que dura y que no mejora con la práctica normal. Y la regla de oro: esto es para platicarlo con el pediatra o con un profesional, no para diagnosticar en casa. Esta lección es guía educativa, no diagnóstico.
En preescolar (3 a 5 años)
- No le salen las rimas: no "cachan" que gato y zapato terminan igual, ni disfrutan las canciones de rimas del jardín de niños.
- No le salen los nombres de las letras, ni siquiera las de su propio nombre, aunque se las hayan enseñado muchas veces.
- Le cuesta aprenderse series de memoria: los días, los números, los colores, las canciones que sus compañeros ya se saben.
- Tardó en hablar o pronuncia chistoso palabras largas ("tefelono" por teléfono) más allá de la edad típica.
En primaria (6 años en adelante)
- Sigue leyendo silabeando, letra por letra, uno o dos años después de que sus compañeros ya leen de corrido.
- Adivina las palabras: ve "campana" y dice "camino", porque arranca con las primeras letras y le tira a lo que sea.
- Lee una palabra bien en un renglón y la falla en el siguiente.
- Hace cualquier cosa por no leer: le duele la panza, va al baño, llora con la tarea.
- Escribe la misma palabra de tres formas distintas en la misma plana.
¿Cuándo evaluar?
Si en segundo de primaria tu hijo sigue muy atrás de sus compañeros en lectura a pesar de practicar, o si en preescolar junta varias señales de la primera lista, es momento de pedir evaluación: con el pediatra como primera parada, con la maestra de apoyo de la escuela (USAER si hay), o con un psicólogo o especialista en lenguaje. Evaluar temprano no le pone etiqueta: le abre la puerta a la ayuda correcta años antes.