Escuela de Cielo
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Terapia de lenguaje en casa

Tu voz es su terapia

Objetivo

Convertir tu día normal en estimulación de lenguaje: narrar lo que haces y lo que tu hijo hace, empezando por el baño y la cocina.

El consultorio eres tú

El terapeuta de lenguaje, cuando lo hay, ve a tu hijo una hora a la semana. Tú lo ves en la regadera, en el desayuno, en la combi, en el mercado y a la hora de dormir. Por eso la persona que más puede hacer crecer su lenguaje no está en un consultorio: eres tú, con lo que ya haces todos los días. Esto complementa al terapeuta, no lo sustituye; y muy importante: si tu hijo ya tiene dos años y todavía no dice palabras, el primer paso es revisarle el oído con un profesional. Muchos niños que "no hablan" en realidad no oyen bien, y eso se descarta primero.

Narra lo que TÚ haces

Se llama hablarse a uno mismo y se siente raro dos días, luego se vuelve costumbre: pon palabras a lo que haces mientras él te ve. "Estoy lavando los trastes. Mira, agua calientita. Ahora tallo la olla. Ya quedó limpia." Frases cortas, despacio, con emoción. No necesita contestarte: su cerebro está grabando cada palabra pegada a una imagen real, que es exactamente como se aprende a hablar.

Narra lo que ÉL hace

El paso gemelo: ponle palabras a lo que tu hijo hace en el momento. Está empujando su carrito: "¡Empujas el carrito! El carrito corre. ¡Se cayó el carrito!". Le estás dando justo las palabras de aquello que tiene su atención, y eso es lo que más se queda.

💡 El baño y la cocina son la mina: agua, jabón, espuma, frío, caliente, tallar, enjuagar, tortilla, caliente, huele rico. Mismas palabras todos los días en el mismo lugar: la repetición con cariño es la mejor maestra.
Ejemplo: Lupita, en Ecatepec, decidió narrar solo el baño de su hijo Emiliano cada noche: "agua tibia… jabón… a tallar la panza… ¡espuma!". Al mes, Emiliano levantó los brazos en la tina y dijo "epuma". Su primera palabra nueva en meses salió del shampoo, no de una terapia cara.

No necesitas hablar TODO el día sin parar, te vas a agotar. Escoge dos momentos fijos —el baño y una comida— y nárralos completos, todos los días. Eso ya es terapia diaria.

✍️ Tu ejercicio

Hoy narra el baño de tu hijo de principio a fin: el agua, el jabón, cada parte del cuerpo, la toalla. Frases cortas, despacio, con ganas, aunque no te conteste nada.

Salió bien si narraste aunque te sintieras medio chistosa hablando sola: la incomodidad se quita, las palabras se quedan. ¿Hoy no lo bañaste tú? Narra la cena: "frijoles calientes… tortilla… mmm, qué rico".