El consultorio eres tú
El terapeuta de lenguaje, cuando lo hay, ve a tu hijo una hora a la semana. Tú lo ves en la regadera, en el desayuno, en la combi, en el mercado y a la hora de dormir. Por eso la persona que más puede hacer crecer su lenguaje no está en un consultorio: eres tú, con lo que ya haces todos los días. Esto complementa al terapeuta, no lo sustituye; y muy importante: si tu hijo ya tiene dos años y todavía no dice palabras, el primer paso es revisarle el oído con un profesional. Muchos niños que "no hablan" en realidad no oyen bien, y eso se descarta primero.
Narra lo que TÚ haces
Se llama hablarse a uno mismo y se siente raro dos días, luego se vuelve costumbre: pon palabras a lo que haces mientras él te ve. "Estoy lavando los trastes. Mira, agua calientita. Ahora tallo la olla. Ya quedó limpia." Frases cortas, despacio, con emoción. No necesita contestarte: su cerebro está grabando cada palabra pegada a una imagen real, que es exactamente como se aprende a hablar.
Narra lo que ÉL hace
El paso gemelo: ponle palabras a lo que tu hijo hace en el momento. Está empujando su carrito: "¡Empujas el carrito! El carrito corre. ¡Se cayó el carrito!". Le estás dando justo las palabras de aquello que tiene su atención, y eso es lo que más se queda.
No necesitas hablar TODO el día sin parar, te vas a agotar. Escoge dos momentos fijos —el baño y una comida— y nárralos completos, todos los días. Eso ya es terapia diaria.