Quince minutos que sí caben en tu vida
No necesitas una hora de terapia en casa: necesitas quince minutos diarios que de verdad sucedan. El plan es este, y va pegado a cosas que ya haces:
- 5 minutos narrando el baño o una comida (lección 1), con tus pausas de cinco segundos (lección 2).
- 5 minutos de juego a su aire: tú comentas sin examinar (lección 4), expandes todo lo que diga (lección 3) y metes un "dame el…" o una ronda de soplar si se presta (lecciones 5 y 6).
- 5 minutos de libro dialogado antes de dormir (lección 7).
Eso es todo. Hecho diario, son más de noventa minutos de estimulación a la semana, más que muchas terapias, y en el idioma del cariño de su casa.
El registro de palabras: tu mapa del tesoro
Pega una hoja en el refri o abre una nota en tu celular con dos columnas: palabras que DICE y palabras que ENTIENDE. Cada vez que aparezca una nueva, apúntala con la fecha. Sirve para tres cosas: ves el avance cuando sientas que "no pasa nada" (el registro no miente), llegas con datos de oro a la cita con el terapeuta, y de paso te entrena el ojo para festejar. Y festeja en serio: cada palabra nueva merece su aplauso, su abrazo y su llamada a la abuela.
Cuándo regresar con el terapeuta
Esta guía complementa al profesional, no lo sustituye. Cada niño tiene su ritmo, pero estas señales son para platicarlas con el pediatra o el terapeuta, no para esperar a que se quiten solas:
- Tiene 2 años y no dice palabras: primero, que le revisen el oído.
- Pasaron 2 o 3 meses con tu plan diario y el registro no se mueve nada.
- Decía palabras y las dejó de decir.
- Se frustra mucho por no darse a entender: llora, avienta, se pega.
- A los 4 años, la gente fuera de casa casi no le entiende.