Vamos a decir la verdad
Hay días en que quieres mucho a tu hermano. Y hay días en que te choca. Días en que te enojas porque otra vez rompió tu maqueta, porque por su culpa se fueron temprano de la fiesta, porque todos los planes de la casa giran alrededor de él.
Y luego está la otra: los celos. Tu mamá pasa horas con él, lo lleva a sus terapias, festeja como gol de final cuando él dice una palabra... y tu boleta de puros dieces a veces apenas alcanza un "muy bien, mijo".
Y la pena. Cuando grita en el mercado y todos voltean. Cuando viene un amigo a la casa y no sabes cómo explicar.
Sentirlo NO te hace malo
Lee esto dos veces: sentir enojo, celos o pena no te hace mala persona ni mal hermano. Los sentimientos llegan solos, como el hambre o el sueño; nadie los pide. Todos los hermanos del mundo entero que viven lo que tú vives sienten exactamente lo mismo, aunque casi nadie lo diga en voz alta. Lo que cuenta no es lo que sientes: es lo que haces con eso.
Qué hacer cuando te llega el sentimiento
- Ponle nombre: "estoy enojado", "tengo celos", "me dio pena". Nombrarlo le baja dos rayitas.
- Dilo a un adulto: "mamá, hoy me chocó que se fueran temprano por él". No es acusar, es sacarlo.
- Sácalo sin lastimar: dibuja, corre al patio, aprieta una almohada, escríbelo. Pegarle a tu hermano o guardártelo todo: eso sí no ayuda.
- Recuerda: puedes querer a tu hermano Y estar harto el mismo día. Las dos cosas caben.