Sus reglas son distintas, no malas
A lo mejor ya te pasó: sacas el turista mundial, le explicas las reglas a tu hermano, y a los dos minutos él está girando los dados en el piso, fascinado, sin hacerte caso. Y tú piensas: "con él no se puede jugar". Sí se puede. Pero no con TUS reglas: con un punto medio entre las suyas y las tuyas.
Los juegos que sí salen
- Juegos de turnos cortos: aventar la pelota, apilar bloques y tumbarlos, carreras de cochecitos. Turno tú, turno él, sin reglas largas.
- Juegos de repetir: si a él le gusta girar los dados, hagan un juego de eso: ¿quién lo gira más fuerte? Entrar a SU juego vale más que jalarlo al tuyo.
- Juegos sin hablar: cosquillas, perseguidas, brincar el colchón, hacer torres. El cuerpo también platica.
- Lo que él domina: si se sabe todas las rutas de los camiones o el orden de sus cartas, juega EN su cancha. Ahí él es el campeón.
Festeja lo que él SÍ puede
En tu casa todos festejan los avances de tu hermano, ¿no? Pues tú también puedes, pero a tu estilo: "¡eso, carnal!" cuando logra algo en el juego. Para él, que TÚ lo festejes vale distinto que cuando lo festeja mamá. Eres su hermano: eres el nivel más alto del juego.
Tú NO eres su terapeuta ni su niñera
Esto es importante: jugar con tu hermano es eso, jugar. No es tu chamba enseñarle a hablar, ni corregirle todo, ni cuidarlo en cada recreo de la vida. Eso les toca a los adultos y a sus terapeutas. Si un día no quieres jugar, puedes decir "ahorita no" sin sentirte culpable. Los hermanos que mejor se llevan de grandes son los que jugaron por gusto, no por obligación.