Qué vas a notar
Maestra, hablemos claro, de colega a colega. En tu grupo de 35 hay un niño que no es como los demás y tú lo notaste desde la primera semana. Quizá no te mira cuando le hablas. Quizá se tapa los oídos cuando el grupo grita. Quizá se levanta a media clase, repite las mismas frases, o se queda congelado cuando cambias de actividad sin avisar. Quizá lee perfecto pero no puede copiar del pizarrón, o sabe todo de dinosaurios pero no puede formarse para el homenaje.
Qué NO es
Esto es lo más importante del curso, así que va primero:
- No es grosero. Si no te mira o no contesta, su cerebro está procesando de otra forma, no te está retando.
- No es flojo. Si no termina la plana, probablemente gastó toda su energía en aguantar el ruido y los cambios del día.
- No es "mal educado". Sus papás no lo echaron a perder. Llevan años remando, y muchas veces llegan a ti ya cansados de que los culpen.
Tu actitud cambia el año entero
No necesitas ser especialista. Los estudios sobre inclusión dicen algo que tú ya sabes de tarima: el factor que más pesa no es el diagnóstico, es la maestra. Si tú lo tratas como problema, el grupo lo tratará como problema. Si tú lo tratas como uno más que aprende a su modo, el grupo lo adopta. Tus 34 alumnos te están viendo para decidir cómo tratarlo.
Una cosa más: si notas señales y la familia aún no las ve, tu papel es describir lo que observas, con cariño y sin diagnosticar. Esto es guía educativa; el diagnóstico le toca a un profesional.