El avance no es "ya se comió el brócoli"
Si solo cuentas como victoria que se acabe un plato nuevo, vas a vivir derrotada. El avance real viene en tamaño chiquito, y todo esto cuenta:
- Toleró un alimento nuevo en la mesa sin alterarse.
- Lo tocó, lo olió o le dio un beso (¡los escalones de la lección 4!).
- Mordió y escupió. Sí: eso es un escalón, no un fracaso.
- Aceptó la otra marca, u otra forma del mismo alimento.
- Comió tranquilo, sin pleito, aunque haya sido lo de siempre.
El cuaderno que te salva en los días grises
Lleva un registro simple: una libretita en la cocina o una nota en el celular. Cada día, una línea: fecha, qué se ofreció, hasta qué escalón llegó. Sin calificaciones, solo datos. ¿Para qué? Porque la memoria engaña: en una mala semana sentirás que "no avanza nada", abrirás el cuaderno y verás que hace dos meses ni toleraba la jícama en la mesa y hoy la besa. El cuaderno es tu antídoto contra el desánimo, y además es oro puro si un día lo ve un profesional.
Cuándo buscar ayuda
Cada niño lleva su ritmo, y este curso es una guía educativa, no un diagnóstico ni un tratamiento. Hay señales que sí piden una valoración profesional, sin esperar: si hay pérdida de peso, si tiene arcadas constantes al comer, o si su lista de alimentos baja de 10. También si comer le causa mucha angustia a pesar de varias semanas sin presión. Pedir ayuda no es rendirse: es ponerle más gente buena al equipo de tu hijo.