Un semáforo para el cuerpo
Las emociones son más fáciles de entender con colores que con palabras. Por eso usamos un termómetro de tres colores, como el semáforo de la esquina. Dibújenlo juntos en una cartulina y péguenlo donde se vea: la puerta del refri es perfecta.
Para leer con tu hijo
Verde es tranquilo. Mi cuerpo está suavecito. Puedo jugar, comer y aprender. En verde estoy a gusto.
Amarillo es "se está llenando". Mis manos se aprietan. Mi voz sube. Algo me molesta. En amarillo todavía puedo pedir ayuda. Puedo decir "amarillo", ir a mi rincón, respirar como oso o pedir un abrazo fuerte.
Rojo es tormenta. Mi cuerpo explota: lloro fuerte, grito o me tiro al piso. En rojo no puedo pensar. No estoy siendo malo. Mi cuerpo está desbordado. Mamá o papá me cuidan hasta que la tormenta pasa. Después regreso a verde, poco a poco.
Qué hacemos en cada color
- En verde: ¡vivir! Y practicar la respiración y el rincón, porque en verde se aprende.
- En amarillo: actuar rápido y tranquilo: bajar el ruido, ofrecer el rincón, el peluche, el abrazo. El amarillo es la ventanita de oro: ahí se evitan la mayoría de los rojos.
- En rojo: ya no se enseña nada; solo seguridad y compañía. De eso es la siguiente lección.