Sus sentidos no se apagan solos
Acuérdate de la lección de por qué no duerme: los sentidos de tu hijo traen el volumen alto. El foco del pasillo, la tele de la sala, los coches de la calle… todo eso que tú ya ni notas, a él lo mantiene prendido. El cuarto ideal le baja el volumen al mundo.
La receta del cuarto que arrulla
- Oscuro. La oscuridad fabrica el sueño. Cortina gruesa o, mientras tanto, una cobija bien puesta sobre la ventana. Si le da miedo, una lamparita tenue y cálida (naranjita, no blanca), lejos de su cara.
- Fresco. Se duerme mejor en cuarto fresquito que en cuarto caluroso. Pijama ligera y cobija, mejor que pijama gruesa y bochorno.
- Cobija pesada, si le gusta la presión. A muchos niños el abrazo apretado los calma. Si el tuyo es de esos, una cobija pesadita o un cobertor bien fajado estilo taquito puede ser mano de santo. Si la patea, no es para él: no se la impongas.
- Ruido blanco. Un ventilador o un sonido de lluvia tapa los ruidos de la casa y de la calle con una cobija de sonido pareja. Siempre el mismo, toda la noche, a volumen bajito.
- Pantallas fuera 1 hora antes. La luz de la tablet le dice al cerebro "es de día". Una hora antes de la rutina, se despide la pantalla; idealmente, que ni duerma en el cuarto.
Ejemplo: La mamá de Renata no tenía para cortinas blackout. Sábado en el mercado: una cobija oscura para la ventana, y el ventilador viejo de la sala se mudó al cuarto. Costo: casi nada. Esa semana, Renata se durmió 40 minutos más temprano.
💡 No cambies todo en una noche: a un niño que ama lo predecible, un cuarto irreconocible lo desvela. Un cambio cada dos o tres noches, y deja que él participe: que escoja dónde va el ventilador.