Despertar es normal; lo que pasa después, no tanto
Todos despertamos varias veces en la noche y nos volvemos a dormir sin darnos cuenta. Tu hijo también despierta… pero si su botón de apagado eres tú, te va a buscar. Y aquí está la trampa: si a las 3 de la mañana llegar a tu cama se premia con calorcito, abrazos y quedarse, mañana vuelve a las 3 en punto. No es maña: es que funcionó.
El regreso aburrido y amoroso
La técnica es una sola y el secreto es repetirla SIEMPRE igual:
- Te levantas (sí, duele) y lo tomas de la mano.
- Lo regresas a su cama caminando, con luz apagada.
- Lo arropas, dices la frase de siempre, bajita: "Es de noche. Cada quien duerme en su cama. Aquí estoy".
- Y te sales. Sin plática, sin regaño, sin tele, sin leche. Aburridísimo.
¿Vuelve a aparecer? Lo regresas otra vez. Igualito. Las primeras noches puede ser cinco, ocho veces, y la madrugada se siente eterna. Pero cuando descubre que venir ya no trae premio —ni siquiera el premio de verte enojada, que también es atención—, deja de valer el viaje. La calma y la repetición son las que enseñan.
El pase de una visita
A los niños más grandecitos les funciona el pase: una tarjeta que hacen juntos en la tarde, decorada por él. Vale por UNA salida de la cama por noche: un vaso de agua, un abrazo, una pregunta. Lo usa cuando quiera, lo entrega, y se acabaron las visitas. Si amanece con el pase sin usar, se cambia por algo bonito en la mañana: una estampita, elegir el desayuno. Le da control, y a ti te da noches más cortas.