La siesta: amiga temprano, enemiga tarde
La siesta no es mala; la siesta TARDE es la que roba la noche. Reglas sencillas: que termine antes de las 4 de la tarde, y que no pase de una hora si ya batalla para dormirse en la noche. Cuidado con la siesta de contrabando: la combi de regreso a las 6, el sillón con la tele a las 7. Si lo ves cabeceando a deshoras, actívalo tantito: agua, un mandado chiquito, poner la mesa.
Fines de semana y vacaciones: la hora se defiende
El cuerpo de tu hijo no sabe de sábados. Si entre semana se duerme a las 8:30 y el fin a las 11, el lunes amanece con "jet lag" de fin de semana. No necesitas rigidez militar: date una hora de margen como máximo, y la rutina de 4 pasos NO se cancela nunca, ni en casa de la abuela. Para vacaciones y fiestas, llévate la rutina portátil: su cuento, su cobija, el ruido blanco en el celular y los mismos 4 pasos aunque sea en otra cama. La rutina es la casa que viaja con él.
Las recaídas son parte del camino
Llevaban un mes de noches buenas y de repente, una semana horrible. Respira: pasa SIEMPRE. Una gripa, un cambio de maestra, una muela que viene en camino, las posadas. La recaída no borra lo aprendido. La receta es volver a lo básico sin drama: rutina de 4 pasos, cuarto que arrulla, regreso aburrido y amoroso. Si hace falta, regresa la silla unos días al escalón anterior. Lo que ya aprendió una vez, se recupera más rápido la segunda.
Cuándo pedir ayuda
Esta es una guía educativa, no un diagnóstico. Platica con el pediatra si después de 4 a 6 semanas haciendo todo con constancia las noches siguen muy duras; si ronca fuerte o hace pausas en la respiración al dormir; o si la falta de sueño ya está tumbando el día de toda la familia. Pedir ayuda a tiempo es cuidarlo, y cuidarte.