Escuela de Cielo
Lección 4 de 8
50%
Terapia de lenguaje en casa

Sin exámenes

Objetivo

Cambiar las preguntas de examen por comentarios que invitan a hablar, y usar opciones de dos —"¿leche o agua?"— para que responder sea fácil y rico.

El interrogatorio que calla

Cuando un niño batalla para hablar, a los adultos nos sale el modo maestra: "¿Qué es esto? ¿Y esto? ¿De qué color? ¿Cuántos hay? A ver, dile a tu tía cómo se llama el perro". Lo hacemos con buena intención, pero para él cada pregunta es un examen sorpresa de la materia que más le cuesta. Y los exámenes todo el día agotan a cualquiera. Muchos niños terminan haciendo lo más lógico: voltear la cara y dejar de intentar.

La señal de alarma es fácil de detectar: si tú ya sabes la respuesta, es examen. "¿Qué es esto?" sosteniendo una manzana no es una conversación: es una prueba.

Mejor: comenta y calla

Cambia la pregunta por un comentario y luego espera (tu pausa de la lección dos). En vez de "¿qué es eso?", di "¡mira, un gato! Está dormido el gato…" y cállate. Los comentarios no exigen nada, regalan palabras, y dejan un silencio cómodo donde tu hijo puede meterse si quiere. Te va a sorprender cuántas veces se mete.

La medida de los terapeutas: por cada pregunta que hagas, suelta como cuatro comentarios. No hay que andar contando, pero si notas que llevas cinco preguntas seguidas, cambia de canal.

La pregunta buena: la de opciones

Hay una pregunta que sí abre puertas: la de dos opciones. "¿Quieres leche o agua?" "¿Jugamos pelota o coches?" "¿Te pongo la camiseta roja o la azul?". Tiene tres regalos escondidos: le da las palabras servidas (nomás escoge una), la respuesta es imposible de reprobar, y de pilón le enseña que su voz decide cosas de su vida.

💡 Di las dos opciones mostrando cada cosa: "¿leche —enseñas la leche— o agua? —enseñas el agua—". Si todavía no habla, puede responder señalando, y tú expandes: "¡Agua! Quieres agua".
Ejemplo: La tía Chelo, en Querétaro, era la reina del interrogatorio: el sobrino la veía llegar y se escondía. Cambió a comentarios: "ese dinosaurio está enorme… yo creo que ruge fuerte…". A la tercera visita, Beto le llevó el dinosaurio y rugió. Primera "plática" de los dos, y sin una sola pregunta.

✍️ Tu ejercicio

Hoy, en un rato de juego de diez minutos, ponte una regla: cero preguntas de examen. Puros comentarios sobre lo que él hace, y máximo dos preguntas de opciones: "¿el coche rojo o el azul?".

Salió bien si lograste el rato de juego sin un solo "¿qué es esto?" — vas a sentir el cambio de ambiente. ¿Se te escaparon preguntas? Normal, es un hábito viejo: por cada una que se escape, regala dos comentarios y sigue jugando.