El iceberg del lenguaje
Las palabras que tu hijo dice son la puntita del iceberg; abajo del agua está todo lo que entiende. Y la regla del desarrollo es clara: primero se entiende, luego se dice. Nadie puede decir "pelota" con sentido si antes no entiende qué es una pelota. Por eso, si las palabras no salen todavía, no estás de manos cruzadas: puedes engordar el iceberg por abajo, y eso empuja el habla más que cualquier presión.
Bonus: vas a saber qué tanto entiende de verdad, que muchas veces es más de lo que parece, o un poquito menos, y las dos cosas son oro para el terapeuta.
El juego de "dame el…"
Pon tres cosas conocidas en el piso —la pelota, el zapato, la taza— y pide con voz de juego: "dame la pelota". Si te la da, fiesta: "¡la pelota! ¡gracias!". Si duda, no digas "no, esa no": apunta tú a la pelota, nómbrala, y vuelvan a jugar. Cuando ya domine tres objetos, mete más, o sepáralos por el cuarto para que tenga que ir por ellos. Caminar por el objeto hace el juego más divertido y la memoria más fuerte.
De un paso a dos pasos
Las instrucciones también tienen escalera:
- Un paso: "trae tus zapatos", "dale el pan a tu hermano", "siéntate en la silla".
- Dos pasos: "trae tus zapatos y ponlos en la puerta", "agarra el vaso y dáselo a papá".
Empieza donde esté seguro y sube un escalón cada tantas semanas. Si las de dos pasos se le caen a la mitad, no es que no oiga ni que se haga: su memoria de instrucciones todavía carga de a una. Dale una, espera a que termine, y luego la otra.