Escuela de Cielo
Lección 6 de 8
75%
Terapia de lenguaje en casa

Entender antes que hablar

Objetivo

Fortalecer lo que tu hijo entiende con instrucciones de un paso y luego de dos, y juegos de "dame el…", porque la comprensión es el cimiento del habla.

El iceberg del lenguaje

Las palabras que tu hijo dice son la puntita del iceberg; abajo del agua está todo lo que entiende. Y la regla del desarrollo es clara: primero se entiende, luego se dice. Nadie puede decir "pelota" con sentido si antes no entiende qué es una pelota. Por eso, si las palabras no salen todavía, no estás de manos cruzadas: puedes engordar el iceberg por abajo, y eso empuja el habla más que cualquier presión.

Bonus: vas a saber qué tanto entiende de verdad, que muchas veces es más de lo que parece, o un poquito menos, y las dos cosas son oro para el terapeuta.

El juego de "dame el…"

Pon tres cosas conocidas en el piso —la pelota, el zapato, la taza— y pide con voz de juego: "dame la pelota". Si te la da, fiesta: "¡la pelota! ¡gracias!". Si duda, no digas "no, esa no": apunta tú a la pelota, nómbrala, y vuelvan a jugar. Cuando ya domine tres objetos, mete más, o sepáralos por el cuarto para que tenga que ir por ellos. Caminar por el objeto hace el juego más divertido y la memoria más fuerte.

De un paso a dos pasos

Las instrucciones también tienen escalera:

  1. Un paso: "trae tus zapatos", "dale el pan a tu hermano", "siéntate en la silla".
  2. Dos pasos: "trae tus zapatos y ponlos en la puerta", "agarra el vaso y dáselo a papá".

Empieza donde esté seguro y sube un escalón cada tantas semanas. Si las de dos pasos se le caen a la mitad, no es que no oiga ni que se haga: su memoria de instrucciones todavía carga de a una. Dale una, espera a que termine, y luego la otra.

💡 Quita la ayuda escondida de tus manos: sin querer, apuntamos con el dedo o miramos el objeto al pedirlo, y el niño lee nuestras señas en vez de las palabras. Una vez al día, pide algo con las manos quietas y mirándolo a él: ahí ves la comprensión pura.
Ejemplo: Memo, en Chihuahua, parecía no entender nada hasta que su mamá jugó "dame el…" con los trastes de la cocina. Resultó que Memo entendía cuchara, vaso, olla y hasta servilleta: dieciséis palabras que nadie sabía que tenía. Las decía cero, las entendía todas. Su terapeuta armó el plan empezando justo ahí.

✍️ Tu ejercicio

Hoy juega "dame el…" con tres objetos de la casa, cinco rondas, con fiesta en cada acierto. Apunta mentalmente cuáles palabras entendió a la primera.

Salió bien si descubriste al menos una palabra que tu hijo entiende y tú no sabías. Variante fácil: en la cena, una sola instrucción de un paso con las manos quietas: "dame la tortilla". Eso ya fue la sesión de hoy.