La casa también puede "hacer terapia"
Hay dos formas de que tu hijo alcance el vaso: que su brazo mejore, o que el vaso baje de repisa. Las dos cuentan. Adaptar la casa no es consentirlo: es quitarle obstáculos para que practique ser independiente mil veces al día. Y no necesitas un arquitecto; necesitas un fin de semana, una ferretería y estas ideas.
Adaptaciones que cuestan poquito
- Rampita casera: para un escalón de la entrada o del patio, una tabla gruesa de madera con tiras antiderrapantes (o un poco de cemento si alguien de la familia sabe). Mientras menos empinada, mejor.
- Agarraderas: barras de baño en la ferretería o en el mercado. Una junto al inodoro y una en la regadera cambian la vida. Atorníllalas a la pared firme, no al azulejo flojo.
- Banquito en el baño: un banco de plástico estable para sentarse a bañarse, con un tapete antiderrapante abajo. Bañarse sentado y seguro vale más que bañarse "como los demás".
- Todo a su altura: su ropa en el cajón de abajo, sus juguetes en el estante bajo, su vaso y plato en una repisa que alcance. Lo que alcanza, lo hace solo.
- Caminos libres: recorre la casa a la altura de tu hijo. Quita el tapete que se resbala, la mesita que estorba, el cable cruzado. Su silla o andadera necesita pasillos despejados.
Empieza por donde más duele
No tienes que adaptar toda la casa este mes. Pregúntate: ¿en qué momento del día mi hijo pide más ayuda o se frustra más? ¿El baño? ¿La entrada? ¿Alcanzar sus cosas? Empieza exactamente ahí. Una adaptación que se usa diario vale más que cinco bonitas.