El secreto: repeticiones disfrazadas de risa
Una sesión de terapia a la semana son cuarenta y cinco minutos. La semana tiene muchísimas horas más, y ahí es donde tú entras. La buena noticia: no necesitas ponerte de terapeuta seria con cronómetro. El cuerpo aprende moviéndose muchas veces, y un niño repite mil veces lo que le da risa, y cero veces lo que le aburre. Tu trabajo es disfrazar de juego lo que su terapeuta ya indicó.
Cómo se disfraza un ejercicio
- ¿Le dejaron rodar? Jueguen a los taquitos: se enrolla en la cobija y se desenrolla rodando, con todo y carcajada.
- ¿Le dejaron alcanzar? Pon sus burbujas, su carrito o la galleta tantito más lejos, arriba, a un lado. Que estirarse tenga premio.
- ¿Tiempo boca abajo o en el piso? Bájate tú también. Coches que chocan, torre de vasos que se tumba, lotería en el piso. El piso de la sala es el mejor gimnasio de México.
- ¿Pararse con apoyo? Que "ayude" a amasar las tortillas de juguete parado en la mesita, o que eche las calcetas al cesto parado junto al sillón.
Los hermanos no estorban: son el mejor aparato
No saques a los hermanos del cuarto para "hacer la terapia". Mételos al juego. Un hermano que avienta la pelota suavecito, que hace competencia de rodar o que celebra cada logro hace que tu hijo se esfuerce el doble sin darse cuenta. Y de paso, el hermano deja de sentir que el niño "se queda con toda la atención de mamá".
Recuerda: esta es una guía educativa. Qué movimientos sí y cuáles no, cuánto tiempo y con qué apoyo, lo decide el terapeuta de tu hijo. Tú pones la risa.