La ley ya dijo que sí; falta que la escuela lo sepa
En México, ninguna escuela —pública o privada— puede negarle la inscripción a tu hijo por moverse distinto. La ley de educación y la ley de inclusión obligan a las escuelas a hacer ajustes razonables: cambios concretos para que tu hijo pueda estar, aprender y convivir. Tú no vas a pedir un favor. Vas a pedir lo que ya es suyo, con una sonrisa y, de preferencia, por escrito.
La lista que llevas a la dirección
- Entrada y salón accesibles: rampa o, mientras llega, que su salón quede en planta baja todos los años. Esto casi siempre se resuelve con voluntad, no con dinero.
- El baño: es el punto que más se olvida y el que más importa. Pide una barra junto al inodoro, espacio para entrar con andadera o silla, y permiso de ir con tiempo o con apoyo, sin regaños.
- Su lugar en el salón: mesa a la altura correcta, espacio para su equipo junto a él (no arrumbado en la dirección), y sus materiales al alcance.
- Recreo incluido: el recreo no es opcional. Que tenga con quién y a qué jugar: juegos de mesa en el patio, pelota rodada, encargados de invitarlo. Un niño que pasa el recreo "cuidado" en la biblioteca está excluido, aunque suene tierno.
- Educación física adaptada, no banca: tu hijo no "se exenta" de deportes; participa distinto. El maestro puede darle rol de lanzador, portero, árbitro o cronometrista, y adaptar circuitos. Sentarlo a ver es la salida fácil y la equivocada.
Esta es una guía educativa, no asesoría legal. Si la escuela se niega, acude a la supervisión de zona y a la autoridad educativa de tu estado, y apóyate en los terapeutas de tu hijo para detallar por escrito lo que necesita.