Primero lo primero
Cada niño tiene su propio ritmo, también en el kínder: hay niños de cuatro años que ya quieren leer y otros que prefieren correr todo el día, y los dos pueden ir muy bien. Esta etapa importa porque la primaria está a la vuelta, y lo que se detecta y apoya ahora, llega mejor preparado a primero.
Contar historias y vivir en grupo
Como referencia: a esta edad la mayoría platica de corrido y casi todo se le entiende; cuenta lo que le pasó con principio y final ("fuimos con mi abuela y se cayó el pastel y el perro se lo comió"); y contesta preguntas sencillas sobre un cuento que le acabas de leer. En lo social, este es el año del juego CON reglas: la lotería, las escondidas, la rueda de San Miguel. Esperar turno, perder sin que se acabe el mundo (a veces), inventar juegos con amigos y tener uno o dos favoritos en el kínder.
Las manos y el cuerpo
Hacia los cinco años, la mayoría dibuja una persona con varias partes del cuerpo —cabeza, ojos, piernas, aunque sea estilo renacuajo—, copia un círculo y una cruz, recorta una línea con tijeras, y en lo grande: brinca en un pie, atrapa una pelota grande y baja escaleras alternando pies como adulto chiquito.
Qué sí se platica con el pediatra
- No se le entiende al hablar: los extraños entienden menos de la mitad de lo que dice a los cuatro años.
- No puede contar nada de su día ni seguir el hilo de un cuento corto.
- No juega con NADIE: ni primos, ni vecinos, ni compañeros, y no parece importarle o lo hace sufrir.
- No logra dibujar una persona ni copiar un círculo hacia los cinco.
- La maestra del kínder te busca para platicar de cómo lo ve. Escúchala: ve a treinta niños de esa edad todos los días.
- Y la regla que no cambia: perder habilidades que ya tenía se consulta SIEMPRE.
Cerramos como siempre: esto es para platicarlo con el pediatra, NO para diagnosticar. Si algo te quedó haciendo ruido, la consulta de los cuatro o cinco años es el momento perfecto para sacarlo.