Probar no es tragar
Para nosotros, "pruébalo" significa metértelo a la boca y tragarlo. Para tu hijo, ese es un brinco gigante: como pedirle a alguien con miedo a la alberca que se aviente del trampolín alto. La buena noticia: probar es una escalera, y cada escalón cuenta como una victoria.
La escalera, escalón por escalón
- Tolerarlo en el plato. El alimento nuevo está en la mesa o en la orillita de su plato, y él no se altera. Eso YA es el primer paso.
- Tocarlo. Con un dedo, con el tenedor, aunque sea un segundo.
- Olerlo. Acercarlo a la nariz. El olfato es la antesala del sabor.
- Darle un beso. Tocarlo con los labios, sin abrir la boca.
- Morderlo… y escupir está permitido. Una mordidita con permiso de sacarla en una servilleta. Esto es clave: si sabe que puede escupir, se atreve a morder.
- Tragarlo. El último escalón, no el primero.
Tu papel en la escalera
No anuncies el plan ni lleves la cuenta en voz alta. Tú modela: tócalo tú, huélelo tú, muérdelo tú, con cara de gusto y sin discurso. Si hoy se queda en el escalón dos, perfecto. Subir y bajar de escalón también es normal: la escalera no se sube en un día.