Rompamos la regla de la abuela
"Con la comida no se juega", nos dijeron toda la vida. Pero para un niño al que las texturas le gritan, jugar con la comida es justo la medicina: conocerla con las manos, sin la amenaza de tener que comérsela. Cuando sus dedos ya conocen lo aguado del aguacate, su boca se asusta menos. El juego es el ensayo general.
La regla de este juego: aquí no se come
Esto se hace FUERA de la hora de comida, en la tarde, como cualquier otro juego. Dilo clarito: "No es para comer, es para jugar". Esa frase le quita toda la presión. Si en medio del juego él decide darle una lamidita, qué maravilla, pero tú no lo pidas.
Ideas para jugar
- Carritos y torres: hacer caminos con rajas de zanahoria, torres de cubitos de jícama, una carita con rodajas de plátano.
- Pintar: con un chorrito de yogur o de frijolitos molidos sobre un plato, hacer rayones con el dedo o con un pincel.
- El mercado: jugar a la tiendita con frutas de verdad; él las pesa, las acomoda, las cobra.
- Ayudar en la cocina: desgranar elotes, lavar los jitomates, espolvorear el queso. Cocinar es tocar sin que nadie diga "pruébalo".