Un refugio, no un castigo
El rincón de la calma es un pedacito de la casa donde el cuerpo puede bajar de velocidad. No necesitas un cuarto extra ni comprar nada caro: una esquinita de la recámara, abajo de la mesa con una cobija encima, o un huacal con cojines junto al ropero.
La regla más importante: al rincón nunca se manda de castigo. Es como la cobija calientita en día de frío: algo rico que tu hijo escoge. Si lo usamos de "rincón de pensar", lo quemamos para siempre.
Qué ponerle
- Luz baja: lejos del foco fuerte; una lamparita o serie de lucecitas suaves.
- Algo suave: cojín, cobija, colchoneta. El cuerpo se calma con lo blandito.
- Su peluche o el objeto que más lo tranquiliza.
- Audífonos de diadema o tapones, para bajarle el volumen al mundo.
- Dos o tres cosas tranquilas: un libro conocido, una botella de agua con diamantina, una pelota suave para apretar. Pocas cosas; el rincón no es juguetero.
Para leer con tu hijo
En mi casa hay un rincón de la calma. Es mi lugar suavecito.
Cuando mi cuerpo me avisa, puedo ir a mi rincón. Puedo abrazar mi peluche. Puedo taparme con la cobija.
En mi rincón nadie me regaña. Mi rincón es para sentirme mejor. Puedo estar el tiempo que necesite. Cuando me siento mejor, salgo y sigo jugando.